Archivo de la categoría: Paz

Silencio

Lina V. Ortega
Estudiante de Literatura

En su pieza no había televisor, por eso entró a la mía.

—Linda, ¿me dejas ver televisión acá?

Yo me corrí y le hice espacio en la cama.

—¿Y me dejas cambiar el canal?

Dijo mientras cogía el control. Luego de cambiar canales un rato le subió el volumen al televisor. Muy duro. Tan duro que si mi mamá hubiera estado en la casa seguro me regaña. El volumen me estaba molestando, me retumbaba en la cabeza pero me quedé callada. Nunca he sido de las que les gusta hablar, mucho menos quejarse, ¿para qué? Yo mejor me ahorro los problemas, las discusiones.

Por eso fue que me sorprendí cuando empecé a gritar. Gritaba tan duro que parecía que estaba intentando pasar el volumen del televisor. Pero no sirvió de mucho tampoco, a pesar de que yo gritaba con todas mis fuerzas, el televisor ahogaba mis gritos.

Cuando se fue apagó el televisor. Yo ya había dejado de gritar y el silencio se lo tomó todo. Un silencio que me pesaba en los oídos y que se quedó conmigo incluso cuando empecé a llorar. Llegué llorando a donde mi papá pero no le dije nada. Las palabras ya no me salían, ahora el silencio se lo tragaba todo.

Hablar. Hablar luego de eso es difícil y más si uno es de las que no les gusta pelear. Más cuando el silencio ya te atrapó y aunque duele en cierta forma también reconforta. El problema es la gente alrededor, ellos se dan cuenta cuando a uno le pasa algo.  Por eso le conté a mi mamá al final, ella me lo sacó. Fue unos meses después ella la que me animó a denunciar. Pero lo mismo, uno abre la boca y es para problemas. Mejor me hubiera quedado callada, así me ahorraba la angustia de tener que andar por este pueblo amenazada. Lo mejor que uno puede hacer es dejar que el silencio se lo tome todo. Si no, todo termina siendo inútil, como intentar superar el volumen del televisor con gritos.


El grupo Las Troyanas surgió como una iniciativa estudiantil con el fin de hacerle frente a la necesidad de poner en contacto a los estudiantes de la Universidad de los Andes con la realidad nacional desde diferentes puntos de vista, pero sobre todo desde el punto de vista del quehacer literario. El grupo decidió enfocarse en la violencia sexual en el conflicto armado en Colombia y en reescribir las denuncias de las víctimas de dicho delito proponiendo diferentes estrategias narrativas que buscaran distanciarse del formato del testimonio usado en los informes del Centro de Memoria Histórica y de las testificaciones usadas en las denuncias judiciales. Esto con el fin de que los testimonios de las mujeres víctimas, por lo general impactantes y crudos en cuanto a los hechos que relatan, puedan ser leídos sin generar el impacto y rechazo que en ocasiones pueden generar en las personas y, en tal medida, inviten al lector para que entre en contacto con las historias de esas mujeres.

Adicional a lo anterior, la reescritura de los testimonios también pretende, en su búsqueda por narrar de formas alternativas la violencia sexual, invitar a la reflexión sobre otros elementos que son intrínsecos a ella pero que por lo general son dejados de lado u omitidos porque no son tan evidentes o impactantes como el mismo hecho de la violación, tales como: el silencio que guarda la víctima como resultado del estigma social, el uso de la violencia sexual como instrumento político, la complicidad entre la comunidad de la víctima y el victimario, por poner algunos ejemplos. En tal medida, a la par que el grupo busca poner en contacto a los estudiantes de los Andes con la realidad nacional, también busca generar espacios donde los testimonios de las víctimas sean conocidos y, a partir de ello, se genere una discusión y reflexión sobre la violencia sexual en nuestro país.

https://www.facebook.com/troyanasuniandes/

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La maldita ciudad era la misma

Libardo Gómez
Estudiante de Literatura

El maldito pueblo era el mismo. Los caminos cortos, el suelo seco, los hombres trabajando y las mujeres tiradas, ahí, todas boniticas, linditas, dispuestas a darle a uno todo. Pero ella no era así. En el Bagre las mujeres no eran como ella. Esa hembra no era así.

Yo sabía que su esposo se había ido. Yo sabía cómo entrar, al fin y al cabo era techo de zinc. Yo había pensado entrar desde antes. Ya la había visto una noche, y yo tenía ganas. Yo necesitaba eso que ellas le dan a los machos como yo. Pero ella era esquiva. Dizque porque su esposo la amaba y sus dos hijos eran todo lo que tenía. Yo estaba y el esposo no. Yo quería y ella no. Pero yo tenía ganas.

Esa noche salí y tome unas polas con los socios. Me aburrí a eso de la una de la mañana y me fui hasta su casa. Sabía que ella estaría ahí, sin esposo, ni guardian, ni policia. Ella estaba ahí y yo con ganas. Pero ella era del Bagre y no me iba a dejar.

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Movilizaciones estudiantiles

Mariana Sanz de Santamaría
Estudiante de Derecho 

Porque si no desequilibran el estado de cosas e incomodan a los dirigentes, entonces estaríamos condenados a una ciudadanía conformista, pasiva y por tanto oprimida, aceptando el condicionamiento de nuestro futuro a las voluntades y tiempos de los mismos de siempre.

Es probable que de un año para acá me haya obsesionado con la construcción de paz. No pasa un día en el que no lea algún artículo, columna o texto sobre el conflicto armado colombiano y el proceso de diálogo. Le he hecho cercano seguimiento a cada punto acordado. Absolutamente todo lo relaciono con la paz, con la reconciliación o con la guerra. Pues grata ha sido mi sorpresa que no estoy sola en esta obsesión y que esta obsesión tiene otro nombre: activismo.

 Poco se le ha reconocido a los movimientos sociales por su labor indispensable en construir reivindicaciones y supremacía de los derechos de todos. No es en vano que el derecho a la huelga y a la manifestación haya sido uno de los más peleados y tardíos en ser reconocidos: su poder genera ansiedad a la clase política. Colombia tiene una larga historia de movilización social cuyas victorias se ven plasmadas en la Constitución del 91. Sin el activismo del campesinado, las mujeres, los indígenas, los trabajadores (entre muchos otros) no tendríamos ni la mitad de los derechos que ellos lograron alzar a fundamentales. Claro, sin desconocer que el contexto y las circunstancias particulares de cada momento jugaron un gran papel en estos cambios. Las libertades sindicales, de asociación, de expresión, el derecho a la propiedad de la tierra, así como su función social, la participación política incluyente, el reconocimiento de la mujer, a los indígenas…. El derecho a la paz. A pesar de esas victorias formales, muchos de estos no son del todo garantizados y son, por lo contrario,  aun vulnerados; obligándolos a seguir movilizándose por su reivindicación.

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Revista La Cicuta vota por el Sí

En vista de la situación actual que enfrenta el país, la revista considera pertinente pronunciarse frente al tema. En efecto, la decisión que debe tomarse el próximo 2 de octubre va más allá de una disputa entre partidos políticos y tendrá consecuencias tanto para generaciones actuales como venideras de colombianos.

Desde la revista hemos promovido el debate en torno a la Paz, como sucedió en el marco de la campaña #SoyCapaz y el debate sobre los torniquetes en las entradas de la Universidad de los Andes, y las columnas que a solicitud de la revista algunos profesores de nuestro departamento escribieron.

Ahora bien, dada la importancia de dichas votaciones, consideramos que el deber de la revista es más que promover el debate, es sentar una posición. Seguir leyendo Revista La Cicuta vota por el Sí

Cómo persuadir a alguien de que vote por el Sí

Foto tomada de EL TIEMPO

Camilo Martínez
Estudiante de la Maestría en Filosofía
Universidad de los Andes

Esta semana el uribismo anunció oficialmente que hará campaña a favor del No en el plebiscito sobre el acuerdo final que resulte de los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc. Sin embargo, hace meses que el movimiento ha venido preparando a su base política para que se manifieste en contra del proceso. En mayo el ex presidente invitó a sus seguidores a iniciar un movimiento de resistencia civil en contra de lo que se acuerde en La Habana, y en junio comenzaron las jornadas de recolección de firmas de ciudadanos inconformes con que se negocie con las Farc.

No es exagerado decir que la decisión que se tome en el plebiscito puede ser una de las más importantes en la vida política del país en los últimos años, sobre todo ahora que el uribismo decidió apostarle al No en lugar de intentar minar la legitimidad de la votación a través de la abstención. Por eso la posición de algunos seguidores del ex presidente es tan peligrosa. Por supuesto, hay razones en contra de dialogar con las Farc, incluso suficientes como para concluir que un acuerdo de paz con esa guerrilla es demasiado costoso moral y socialmente. El problema es que para muchas personas la decisión a favor del No no está basada en razones bien fundamentadas, sino en creencias dudosas, cuando no abiertamente falsas.

Por ejemplo, La Silla Vacía se dio a la tarea de verificar varias afirmaciones que el ex presidente hizo sobre los diálogos esta semana y encontró que la mayoría eran, o bien falsedades, o bien verdades a medias. Entre otras cosas, Uribe dijo o insinuó que los guerrilleros que cometieron crímenes de lesa humanidad no van pagar ninguna pena, que las Farc van a poder nombrar sus propios jueces, que ni el narcotráfico ni el secuestro serán castigados y que los guerrilleros ocuparán con seguridad importantes posiciones políticas después del acuerdo. Este es el discurso que Uribe y otras cabecillas de su partido han divulgado desde que comenzaron las negociaciones. No es raro, entonces, que varios de sus seguidores tengan una imagen distorsionada tanto del propósito de los diálogos como de sus consecuencias y que, por ende, están dispuestos a votar por el No.

¿Qué hacer ante este panorama? ¿Cómo persuadir a estas personas de que lo que les ha dicho su jefe político sobre el acuerdo es engañoso, verdadero a medias o simplemente falso? Desafortunadamente, la estrategia más sencilla está destinada al fracaso, pues corregir a los uribistas, es decir, presentarles las cosas como realmente son, no va a funcionar. Eso, al menos, es lo que indica la ciencia disponible sobre la adquisición y corrección de creencias falsas. Tal vez la conclusión más importante que puede extraerse del cúmulo de estudios sobre este tema es que las creencias falsas, una vez han sido incorporadas en el sistema de creencias de una persona, son altamente resistentes al cambio, en especial cuando confirman la cosmovisión o la idiosincrasia particular de esa persona, incluida su ideología política. (En la discusión que sigue me baso en la reseña de Lewandowsky et al.)

La ideología afecta las creencias de las personas al menos en dos niveles. Por un lado, las personas son más susceptibles de creer información falsa cuando esta es compatible con su punto de vista. Esto puede suceder porque la información es incorporada más fácilmente cuando es coherente con otras creencias que la persona ya tiene, o porque la persona asume que las fuentes que son afines a ella ideológicamente son más confiables que otras que no lo son. Incluso hay evidencia de que la información que desafía el punto de vista de una persona es más difícil de procesar, en parte porque está asociada con sentimientos y emociones negativas.

Por otro lado, la ideología determina la manera como las personas reaccionan a nueva información que desafía las creencias falsas que ya han adquirido. En la literatura esto se denomina el “efecto de influencia continuada” (continued influence effect): una vez una creencia hace parte de la ecología cognitiva de una persona, es necesario mucho trabajo para modificarla o corregirla. Además, los esfuerzos por corregir la información falsa pueden ser de hecho contraproducentes: las personas se reafirman en sus creencias cuando alguien intenta corregirlas. Esto se conoce como el “efecto culetazo” (backfire effect).

La imagen que resulta de los estudios científicos sobre la desinformación es algo como esto: las personas están abiertas a aceptar información que es compatible con su cosmovisión aunque esta sea dudosa –información que es muy difícil de corregir después de que ha sido incorporada. Las creencias falsas se “enquistan” y eventualmente constituyen, junto con otras creencias, prejuicios y actitudes, un sistema que es más o menos inmune al cambio.

Podría pensarse que las personas que forman y mantienen creencias de esta manera son paradigmas de irracionalidad. Como mínimo, la racionalidad epistémica requiere que uno crea en una proposición en la medida en que haya evidencia a favor de ella. Sin embargo, aunque en muchos casos quienes terminan envueltos en una red de creencias falsas sí manifiestan vicios epistémicos, desde cierto punto de vista estas personas son de hecho ejemplos de racionalidad –o por lo menos no son más irracionales que cualquier otra persona. Los mecanismos psicológicos a través de los cuales las personas adquieren y sostienen creencias falsas son mecanismos que en muchos casos son racionales.

Nuestras creencias son nuestro mapa del mundo y determinan parcialmente qué tan exitosos somos navegándolo. En ese sentido, es provechoso para nosotros tener mecanismos que garanticen que nuestras creencias son verdaderas. Sin embargo, también somos seres limitados cognitiva y temporalmente, y por esto sencillamente no podemos sopesar cuidadosamente la evidencia en todo tiempo y en todo lugar. Por el contrario, dependemos de estrategias que nos facilitan el trabajo, como la de rechazar información que sea incompatible con lo que ya creemos, confiar en quienes nos rodean e incluso usar nuestras reacciones emocionales como una guía. En otras palabras, antes que creyentes cartesianos preocupados por que cada uno de los pisos de su edificio de creencias sea inconmovible, somos creyentes pragmatistas que parten de un edificio ya establecido y le van haciendo reparaciones y arreglos según resulte necesario.

¿Cómo se conecta todo esto con el plebiscito? Hasta donde sé, los partidarios del Sí no han lanzado todavía ningún movimiento independiente como el del uribismo . Aparte de algunas iniciativas, como por ejemplo la del grupo La Paz Querida, conformado por 42 intelectuales, entre ellos Rodrigo Uprimny y Angelika Rettberg, parece que el grueso de quienes tenemos la intención de votar por el Sí en el plebiscito esperamos que sea el gobierno de Santos, el mayor interesado políticamente en que el acuerdo se refrende, el que guíe el camino.

Los sondeos de opinión indican que tenemos motivos para ser más activos. Según la última encuesta de Ipsos, que difundió hoy Semana, la intención de voto a favor del No es del 50%, contra 39% a favor del Sí. No creo que este resultado sea concluyente, pero sí muestra que el apoyo a los diálogos es inestable. De hecho, las encuestas de los últimos meses demuestran que este apoyo ha fluctuado en función de los avances y reveses del proceso, y esto sugiere que no hay todavía un compromiso decantado a favor de los diálogos. En otras palabras, el plebiscito se puede perder y el resultado depende de lo que suceda en la campaña.

Mi sugerencia es que pensemos en estrategias de campaña que sean sensibles a lo que sabemos sobre cómo se organizan las creencias de las personas. Aquí la ciencia también puede brindarnos una mano. La siguiente es una lista de consejos que pueden extraerse de los estudios pertinentes:

1.    Las creencias falsas tienden a ser resistentes en parte porque de ser cambiadas dejarían “huecos” o “vacíos” en el sistema de creencias de la persona. En ese sentido, es importante diseñar narrativas que corrijan la información falsa y al mismo tiempo llenen esos huecos con información veraz. Por ejemplo, la creencia de que el presidente Santos es un miembro encubierto de las Farc explica para muchas personas su motivación política para dialogar con esa guerrilla. Una corrección de esa creencia no será exitosa si no se provee una explicación adicional de las motivaciones de Santos.
2.    También hay evidencia de que las narrativas más simples son más efectivas pues son más fáciles de procesar. Así, aunque los temas políticos que rodean la decisión del plebiscito son complejos, el argumento a favor del Sí debe presentarse de la manera más sencilla posible. Por ejemplo, en lugar de mencionar todos los matices del proceso, se puede decir que es una manera de obtener los beneficios de la paz pagando un precio que en comparación es bajo, a saber, el de concederle inmunidad restringida a los diferentes actores del conflicto.
3.    Las campañas deben enfatizar los hechos y, en la medida de lo posible, no mencionar la información falsa, pues esta se refuerza con cada repetición. Por eso y por otras razones es necesario evitar campañas cuyo punto de partida sea poner en evidencia las mentiras de las cabecillas del uribismo.
4.    El argumento a favor del Sí debe presentarse de una manera en la que no sea abiertamente incompatible con la cosmovisión de quienes favorecen el No. Por ejemplo, se puede hablar de los posibles beneficios económicos que traería el fin del conflicto con las Farc o señalar que los diálogos parecen un consecuencia natural de la guerra frontal que Uribe emprendió contra la guerrilla y que la debilitó lo suficiente como para que aceptaran una salida negociada al conflicto.
5.    En la medida que las personas juzgan cuán confiable es una fuente con base en su afiliación política, sería bueno que las campañas fueran  adelantadas por movimientos independientes de la política partidista y, en especial, del gobierno.

Hay algo de macabro en estos consejos. En cierto sentido parecen estrategias de manipulación que evitan que se dé un debate genuinamente democrático. Además, ¿cómo puede ser legítimo un triunfo del Sí si se consigue a partir de tácticas como estas? Tal vez sí hay maneras de combatir la desinformación que son mejores e incluso más éticas. Una de ellas es la educación. Pero también hay algo de antipático en limitarse a enunciar hechos sin preocuparse por las actitudes, creencias previas y convicciones de la audiencia. Saber en qué medida esas actitudes y convicciones determinan el estado epistémico de las personas puede permitir que nuestras discusiones políticas sean más empáticas y provechosas.

Escriba para el Blog de Revista La Cicuta. Envíenos su columna al correo lacicuta@uniandes.edu.co

Invitado: Heidi Maibom – Empatía, conflicto y filosofía

Heidi L. Maibom es una filosofa danesa que actualmente trabaja en el departamento de filosofía de la Universidad de Cincinnati. Fue invitada para dictar un curso de la Escuela de Verano de la Universidad de los Andes titulado Philosophy of Interpersonal Understanding, Empathy and Compassion (Filosofía del entendimiento interpersonal, la empatía y la compasión) durante el mes de Julio. Heidi hizo su pregrado en la Universidad de Copenhague y su doctorado en University College London. Tiene dos posdoctorados, uno en la Universidad de Cambridge y otro en la Universidad de Washington en Saint Louis. En esta entrevista habla de su tema de investigación: la empatía, y cómo esta se relaciona con situaciones de conflicto.

Entrevista realizada y traducida por Maria Camila Castro
Estudiatnte de Filosofía, Universidad de los Andes.

La Cicuta: What are your research interests? What are you currently working on?

Heidi Maibom: I started out working on folk psychology or ascribing mental states to others. I wrote my thesis on that and I worked on that for the first couple of years. After a while my interests sort of changed to thinking more about empathy, emotions and moral psychology. Seguir leyendo Invitado: Heidi Maibom – Empatía, conflicto y filosofía

La cultura y las artes en la construcción de la paz

Sergio de Zubiría
Profesor de Filosofía,
Universidad de los Andes

Sergio de Zubiría hace parte de la Comisión Histórica del Conflicto
y sus Víctimas, nombrado por la Mesa de la Habana.

Desde la década del noventa del siglo XX se invoca de forma permanente el papel de la cultura como una especie de camino “seguro” hacia la paz, se ha convertido en una fórmula demasiado mancillada. Esta invocación además de tener sentidos muy diferentes, es conveniente someterla a una mirada crítica. Tanta reiteración debe producir distancia y sospecha. Tal vez, por ello se pregunta Ana María Ochoa: “¿Qué es lo que se invoca cuando se nombra a la cultura con ansias de convertirla en remedio de una sociedad que se desangra?”.

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Más allá del post-conflicto, repensar la construcción de paz

Laura Quintana
Profesora de Filosofía,
Universidad de los Andes

La actual coyuntura en Colombia no sólo es crucial por lo que puede significar un proceso de paz exitoso con las FARC, sino porque nos permite repensar también lo que puede implicar esa idea tan insistente en nuestros días de “una construcción de paz estable y duradera”. Aunque en distintos escenarios se insiste en identificar los retos de un proceso de construcción de paz con los desafíos del post-conflicto y de una política de la transición, me parece que es tiempo también de abrir el debate sobre la identificación de estos términos.

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Violencia contra sí mismo

Tomás Barrero
Profesor de Filosofía,
Universidad de los Andes

Tal vez resulte extraño abordar un problema tan complejo como la paz en Colombia con las austeras herramientas de la filosofía del lenguaje. Pero el momento histórico por el que pasamos y la posibilidad de discutir mis puntos de vista con una comunidad intelectual a la que pertenezco me convencieron de que algo podrá hacerse para pensar la paz. Y solamente consigo concebir un concepto robusto y realista de paz en términos del uso de dos conceptos que me parecen centrales en nuestra situación: la verdad y la reconciliación. La convivencia entre esos conceptos no es fácil pero sostendré que es posible encontrar un principio de equilibrio, la necesidad de pensar la paz como una forma de violencia contra uno mismo. Seguir leyendo Violencia contra sí mismo