Libertad y redes sociales: interacciones mediadas

Laura Forigua

Estudiante de filosofía

¿Es posible hablar de libertad en el mundo actual?, ¿es la libertad como la define la Real Academia Española, sencillamente, la facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos? O, por el contrario, ¿es posible hablar de diversos sentidos de libertad teniendo en cuenta los divergentes ámbitos en los que esta podría tener lugar? Si bien estas preguntas resultan interesantes, antes es importante considerar el hecho de que el concepto de libertad ha mutado a lo largo de la historia. Por ejemplo, en la Edad Media la libertad era comprendida en términos del libre albedrío, mientras que en la Ilustración está determinaba una característica esencial de los hombres y los diferenciaba de los animales. Con esto, podríamos preguntarnos entonces por los factores externos tales como la estructura política de un país en particular, la época en la que se desea definir el concepto en cuestión e incluso el grado de educación de los involucrados que podrían intervenir en la definición de este.

Todas son preguntas válidas, pero antes, es preciso considerar que, como bien lo señala el historiador Isaiah Berlin, puede hablarse de libertad en dos sentidos, a saber, la libertad positiva y la libertad negativa. Berlin considera fundamental hablar de un sujeto comprendido como un yo situado en el espacio y tiempo capaz de pensar en las condiciones y características de su libertad. Ahora bien, con base en la pregunta inicial, tomaré como punto de partida las interacciones de múltiples sujetos en las redes sociales con el propósito de señalar una correspondencia con cada una de las libertades de Berlin en la actualidad. Por un lado, en lo que respecta a la libertad negativa, Berlin parte de la afirmación «soy libre en la medida en que ningún hombre ni ningún grupo de hombres interfieren en mi actividad» (Berlin, 47) En otras palabras, la libertad política es concebida como la capacidad que tiene un hombre de actuar sin ser obstaculizado por otros. Donde bien cabría señalar la existencia de políticas y términos que determinan y, en cierta medida, delimitan el contenido de quienes interactúan en las redes sociales. En esta medida, estos sujetos no son libres.

Por otro lado, Berlin se detiene en la concepción de libertad expuesta por John Stuart Mill y manifiesta que este confunde dos ideas distintas, pues no solo asegura que toda coacción es mala, aunque pueda ser aplicada para prevenir males mayores, sino que también cree en la idea de que los hombres deben ansiar descubrir la verdad y construir un carácter que solo es posible en condiciones de libertad. De ser así, la coacción implicaría la interrupción premeditada de algún individuo dentro de un marco en el que si esta no se diera otro individuo podría actuar. Por lo tanto, si alguien ha de considerarse víctima de coacción, o esclavitud, debe hacerlo dentro de un contexto en el que suponga que su incapacidad para adquirir una cosa en particular se debe a que determinados seres humanos han hecho algo en él que le impide, por ejemplo, poseer el dinero suficiente para pagarla. Entonces, ¿la libertad de los creadores de contenido está directamente relacionada con sus seguidores si se considera que solo mediante la interacción con estos recibiría un pago y lograría adquirir algo que desee? Esto parece no tener sentido.

En este orden de ideas, Berlin afirma que el criterio que limita el concepto de opresión se refiere al papel que poseen otros seres humanos, directa o indirectamente, voluntaria o involuntariamente, en el momento de impedir el cumplimiento de los deseos de alguien más. De esta forma, ser libre es, en este caso en particular, no ser importunado por otros. Entre más grande sea el espacio de no interferencia mayor será la libertad del individuo, lo que ciertamente supone un problema: ¿es plausible considerar este tipo de libertad en un mundo mediado por la tecnología en el que todos tienen una opinión y hacen uso de las redes sociales para interactuar y comentar sobre la opinión de otros? Además, dentro del marco de esta concepción es necesario trazar una línea entre el ámbito de la vida privada de algún individuo y el de la autoridad, debido a que la libertad de unos depende de la limitación de otros. ¿Son ahora los individuos una autoridad en sí debido al acceso que poseen sobre la vida pseudo privada de quienes posean todo en línea? Frente a esto, Berlin plantea que debemos conservar un mínimo grado de libertad personal con el fin de no dimitir y desmentir su naturaleza. Es importante comprender que no podemos ser totalmente libres y tenemos que condescender algo de nuestra libertad para conservar el resto. En este sentido libertad es ser libre de toda interferencia más allá de un límite, inconstante, pero siempre identificable. Sin embargo, las redes sociales pueden dificultar la identificación de este límite, el único límite ahora existente pareciera ser el poseer o no acceso a internet. De este modo, la protección de la libertad se fundamenta en el fin negativode eludir la interferencia.

            Ahora bien, la libertad positivase origina del deseo de un individuo de ser su propio amo —o incluso su propio jefe—, de la necesidad de querer ser reconocido como un sujeto y no como un objeto, pero ¿esto no suscita un problema ahora que las diversas plataformas se han encargado de objetivar la vida de los creadores de contenido? Teniendo en cuenta esto, Berlin asegura que en el marco de esta comprensión un sujeto se siente libre en la medida en la que cree que algo es cierto y se siente subyugado en la medida en la se da cuenta de que no lo es. De esta manera, es posible considerar el hecho de que quienes crean contenido se sienten libres a la hora de elegir lo que suben, pero también cabe considerar que esta concepción puede ser cambiada si en algún punto su contenido llegara a afectar a un espectador y tuviera que empezar a pensar en las consecuencias que podrían tener sus acciones dado que comparte cada aspecto de su vida “privada”. Nos encontramos, dice Berlin, con la noción de un yodominante que puede ser identificado de diferentes maneras: «con la razón, con mi ‘naturaleza superior’, con el yo calculador que pospone la satisfacción de la voluntad a largo plazo, con mi yo ‘real’, ‘ideal’ o ‘autónomo’, o con mi ‘mejor’ yo» (Berlin, 61). En medio de esta concepción de libertad es posible que un sujeto pueda concebirse coaccionando por los demás cuando actúa en función del bien de estos y no de su propio bien. En consecuencia, quienes publican en redes sociales se librarían de admitir cualquier consecuencia negativa que esto genere en sus espectadores, pues no estarían más que actuando en función de su propia libertad.

Paralelamente, Berlin declara que los individuos tienden a aquello a lo que premeditadamente se resisten en un momento de ignorancia, por ejemplo, a dejarse coaccionar por alguien más. Sin embargo, cada individuo posee una voluntad racional latente que puede ser falsamente representada por lo que sienten, hacen y dicen. Esta voluntad es su “verdadero”yo, del cual el yo empírico situado en el espacio y tiempo puede que no sepa nada, y aun así ese espíritu interior es el único yoque merece que sus deseos sean tomados en consideración. En este orden de ideas, se posiciona la seguridad de que sea cual sea el auténtico fin último del hombre ha de ser equivalente a su libertad. En este caso, el yo empírico que interactúa en redes sociales debe escuchar a su yo verdadero en función del fin último al que aspira y solo en esa medida podrán entenderse como libre. Finalmente, si la discusión salta de la libertad al fin último de quien ejerce su libertad existe la posibilidad de que su caracterización se complique aun más, pues en un mundo en el que la inmediatez y lo efímero determinan el rumbo de las cosas es imposible hablar de un concepto estático de libertad. Entonces, no queda más que reflexionar respecto a los modos en que los individuos se reconocen como libres tanto positiva como negativamente y cómo actúan en función de esto, incluso en los problemas que esto puede traer si se extienden estos a la vida misma, la vida más allá de las plataformas tecnológicas.

Fuentes

 Berlin, I. (2010). Dos conceptos de libertad. El fin justifica los medios. Mi trayectoria intelectual. (Á Rivero, Trans.). Madrid: Editorial Alianza, S. A.

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