Para repensar nuestra relación con los animales

Ana María Salazar

Estudiante de filosofía

A propósito de la temporada taurina en Bogotá quisiera hacer el intento de ir un poco más allá de la discusión política, tan común y conocida por todos, para recordar precisamente lo que hay detrás de ella: ¿cuál es el papel de los animales en nuestra sociedad? y ¿dónde los ubicamos con respecto a nuestros límites éticos y morales?

En concreto, cuando pensamos en nuestra relación con ellos, si bien consideramos inmediatamente a nuestras mascotas, por lo general, también tendemos a quedar atrapados en una dimensión estrictamente política –o politizada– y pensamos en las corridas de toros, el comercio ilegal, la industria alimentaria, la experimentación científica, los zoológicos, los circos, entre otros. El sentido político es innegable, no solamente en las corridas de toros, sino en todas las situaciones anteriores, pues lo que realmente está en juego es una lucha de intereses primordialmente humanos –económicos, sociales, culturales–. Pensar los animales desde una sola perspectiva humana, la política, es establecer como escenario de juego una lucha de intereses. Pero a pesar de ser un escenario fundamental para relacionarnos con ellos, no por eso es el único. Desde la filosofía, en particular, podrían abordarse las demás especies desde la fenomenología, la epistemología, la ética, la filosofía de la ciencia, etc. y, con toda seguridad, los debates tendrían tensiones con matices diferentes. Adicionalmente, dichas situaciones políticas nos sitúan –o nos situamos a nosotros mismos– como especie, en una posición opresora y dominante, posición que en la actualidad tímidamente ha comenzado a tambalear, lo que nos abre la puerta para explorar escenarios radicalmente diferentes.

Así pues, parece que es oportuno darle un respiro a la discusión sobre lo que son las circunstancias que creemos comunes entre los seres humanos y los animales. Por ejemplo, en octubre del año pasado la Alcaldía de Bogotá, junto con el Instituto de Protección y Bienestar Animal, publicó el pliego definitivo de condiciones para llevar a cabo el proyecto de restitución integral de derechos y cuidado de habitantes de calle junto con sus animales de compañía. Supongo que todos estamos familiarizados o habremos visto alguna vez habitantes de calle junto con su perro, gato o incluso, varios animales que no los desamparan. Es precisamente esta situación la que reconoció la Alcaldía y a ella se refirió como una restauración total de sus derechos. Pero ¿por qué los animales cobran tanta importancia cuando se trata de estas personas con concepciones y experiencias tan particulares sobre la sociedad?, ¿acaso adquieren un carácter primordial para ellas?, ¿por qué?

Dichos fenómenos, a pesar de ser frecuentemente observados, son muy poco estudiados. Sin embargo, en el año 2013 la socióloga estadounidense Leslie Irvine publicó el libro My Dog Always Eats First: Homeless People and Their Animals en el cual reconstruyó el significado que tienen los animales para las personas habitantes de calle. A grandes rasgos, el libro esboza la posibilidad de comprender a estos seres como fuentes de apoyo social y emocional para los seres humanos. La publicación cuenta con una excelente investigación de campo y reúne diferentes historias que plantean una concepción de los animales como una inspiración de vida, como su única familia, como sentido de protección, como prevención al aislamiento absoluto, entre otros. Con ello se podría pensar que, si hay cambios en el contexto, en el entorno o en el lugar mismo de interacción entre humanos y animales, ¿el tipo de relación que se establece puede llegar a ser diferente? En ese sentido, ¿qué factores condicionan nuestra relación con las otras especies? Y así, ¿qué hay detrás de las tan comunes prácticas de dominación que tenemos con los animales? Los casos que trae Irvine nos invitan a pensar en otras posibles opciones de lo que son y lo que representan los animales en la sociedad, o incluso por fuera de ella. Precisamente, el punto más interesante está en que un sujeto como un habitante de calle, un sujeto totalmente desinstitucionalizado con una especie de vida superflua –si se quiere, en un sentido arendtiano de los “sin-estado”–, encuentre un grado de sensibilidad tal con los animales. Dicha sensibilidad podría estar estrechamente relacionada con los sólidos lazos alcanzados entre seres humanos y animales que se oponen a las comunes prácticas de dominación que, tal vez, ya hemos naturalizado; esa es una teoría.

Con todo lo anterior, esta reflexión invita a repensar las circunstancias de nuestras interacciones con los animales. Si bien es cierto que el escenario político –en el que ubicamos las corridas de toros, el comercio ilegal, la industria alimentaria y demás ejemplos– es primordial y de nuestra absoluta competencia cotidiana, hay otras situaciones de trato con los animales poco debatidas pero igualmente importantes. El reconocimiento que hace la Alcaldía de Bogotá representa la consideración y aceptación de una relación particular que se desarrolla entre los habitantes de calle y sus animales, pues la presencia y participación de estos resulta indispensable para el proceso de restitución integral de derechos. Cuando la política toma cierta distancia, el escenario de juego entre especies parece desarrollarse de forma diferente. En este sentido, el libro de Leslie Irvine se muestra como un intento de romper el presente paradigma que nos tiene acomodados, a la especie humana, como la especie tiránica, y esa no resulta ser una tarea fácil. Posturas como esta, fuera de lo tradicional, pueden posibilitar el surgimiento de consideraciones poco comunes pero que pueden llegar a significar posibles líneas, hasta el momento cerradas, de consideración, investigación o acción.

Referencias

 

Secretaría Distrital De Integración Social. (16 de octubre de 2018). Noticias: “Habitantes de calle y sus animales de compañía disfrutarán de una atención integral en nuevos centros”. Bogotá, Colombia: Alcaldía Mayor de Bogotá.

Irvine, L. (2013). My Dog Always Eats First: Homeless People and Their Animals.Boulder, CO, EE.UU.: Lynee Reinner Publishers.

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