Las redes sociales como fragmentación del ser

Mariana Jiménez

Estudiante de Filosofía

En su libro Camera Lucida, Roland Barthes explora la esencia de la fotografía, enfocándose en describir las experiencias tanto del fotógrafo y del sujeto como del espectador. Una de las principales cuestiones que trata es el significado que le damos a las fotografías para las que posamos. Al estar conscientes de que nos están fotografiando, tendemos a querer mostrar ciertas cualidades de forma activa. No sólo se busca presentar la belleza en términos estéticos; la configuración entre ubicación, vestuario, y la “mirada”, entre muchas otras dimensiones, son expuestas con la intención de definirnos e identificarnos. Para Barthes, las fotografías se convierten en un tipo de ser incorpóreo, o como él lo llama, “una identidad disociada de la consciencia”, donde lo que se plasma cobra la misma importancia que las acciones e interacciones del cuerpo mismo.

Al publicar este libro en 1980, Barthes no alcanzaba a dimensionar la forma y el alcance que ha llegado a tener este fenómeno que limitó a adjudicar a la fotografía. Al reflexionar sobre la lectura, no pude evitar transponer sus ideas a las redes sociales contemporáneas. Considero que las interfases virtuales llevan a una disociación de la persona que la fragmenta de manera aún mayor y más minuciosa. La persona en las redes sociales se presenta como una composición de imágenes visuales que no se limitan a fotografías: Facebook permite visualizar los gustos y las conexiones de alguien; Twitter funciona de manera similar a un diario, donde opiniones y experiencias express y usualmente poco elaboradas se expresan constantemente; las conversaciones de WhatsApp en ciertas ocasiones cobran la misma relevancia y llegan a tener mayor frecuencia que las que ocurren en persona. Al posar de estas distintas maneras, los sujetos buscan mostrarse y plasmarse meticulosamente con el propósito de ser recordado de cierta forma. Compartir información en internet (sea sobre nosotros mismos o no) se vuelve un performance al tener un público constante. Muchos influencers de Instagram han demostrado que ha cobrado un mayor peso mostrar un estilo de vida online que realmente obtenerlo; llegando a producir mayor satisfacción tanto en el ámbito laboral como en el personal. En general, las redes sociales actúan como un catalizador de la formación de identidad, o subjetivación, como lo llamaría Foucault.

Retomando la tesis de Barthes, resulta aún más fácil comprender a lo que se refería al decir que la fotografía fragmenta al ser y construye la identidad al mismo tiempo que la aleja de la consciencia y la corporalidad si se entiende a través del lente de las redes sociales. Con las redes sociales, desarrollamos distintos mecanismos de adaptación que, como resultado final, muestran la esencia fragmentada y casi ficticia de las personas que depende de la plataforma en la que se sitúe.

El problema principal surge al comprender que las redes sociales ya no nos muestran un simple vistazo ni un blueprint de la vida de las personas. La absorción ha llegado a tal punto que nuestros perfiles fragmentan el ser en muchas existencias paralelas y nuestra identidad se plasma no sólo en nuestra corporalidad y temporalidad, sino también en esta información codificada que se encuentra al alcance de cualquier persona en cualquier momento. La existencia humana está atravesada por una actualización constante, dinámica y fluida, marcada por las relaciones con otras personas y los objetos. Pero la identidad que se plasma en las redes sociales es sólida, contenida y atemporal por más que exista la opción de editar ciertos datos en cualquier momento, porque su base misma es la acumulación de información. Barthes veía la fotografía como un tipo de muerte que mostraba un ser definido y completo, en vez de uno atravesado por las contingencias y la incompletitud, que es prácticamente lo que define nuestras vidas. Esta completitud es un presupuesto para las redes sociales. Aplicaciones como LivesOn analizan mediante un algoritmo la información que se encuentra en las redes sociales de una persona y, a partir de esta, reproduce lo que sería su personalidad y permite a sus seres queridos ineractual con ella tras su muerte.

Las relaciones sociales cambian al someterse a nuevas reglas. La cantidad de presiones que surgen a partir de esta constante visualización de lo que pretende definir la totalidad de las personas mediante sus partes y sus detalles a veces entran en conflicto con las capacidades humanas. Foucault estudió la forma en la que una observación constante afecta psicológicamente a las personas, basándose principalmente en la idea del Panóptico de Jeremy Bentham. Aunque es innegable que las tendencias y las reglas sociales –tanto la normatividad estricta como la cultura– presionan a la persona en lo que concierne a la construcción de identidad y al comportamiento, nunca se había garantizado una observación tan constante por parte del sistema como lo que permite el internet.

Este ser en la web nace entonces como una identidad inhumana que no tiene cuerpo mientras tiene una variedad de cuerpos o recipientes –al mostrarnos de forma distinta dependiendo de la red social y el público– que siempre son públicos y disponibles. De aquí resulta algo similar a una fetichización de la identidad, donde nosotros mismos actuamos tanto como el sujeto que trabaja e intercambia valores, como la mercancía que es la forma en la que presentamos o vendemos nuestra identidad y adquirimos derechos mediante las plataformas sociales. Se le adscriben cualidades a objetos que actúan como una representación fallida o tergiversada, pero que sin embargo están hipervalorizados en las relaciones cotidianas, tanto personales como laborales.

Con esta columna no pretendo demonizar las redes sociales en sí. Simplemente evidenciar las dimensiones sociales y políticas que se presentan en este tipo específico de tecnología. Busco cuestionar hasta qué punto es constructiva y cuándo comienza a ponerle un peso a nuestras vidas mediante expectativas (como la completitud y los estándares impuestos por la observación constante) que son humanamente imposibles de cumplir. Esto llama a una resignificación y revalorización de las redes sociales. Adicionalmente, llama la atención la forma en la que la corporalidad va perdiendo importancia en nuestra subjetivación y la construcción de identidad; el hecho de que las personas usen PhotoShop en las fotos de ellos mismos que suben demuestra que nuestra forma de relacionarnos con nuestro cuerpo está cambiando. Asimismo, aceptar la temporalidad que nos atraviesa nos quita ciertos pesos de encima al no pedir de nosotros una definición concreta y absoluta, y una relación mucho más dinámica, abierta y libre con el mundo. Fuera del internet, resulta casi imposible recordar todo sobre una persona, y las relaciones le dan la cara al futuro y a la construcción de este mismo utilizando el pasado como un medio.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s