¿Qué hacer con el alza de matrículas?

 

Camila Sabogal
Estudiante de Filosofía y Literatura

Terry Eagleton en un artículo que escribe para The Chronicle establece el fin de la universidad a partir de la privatización de esta. En este, Eagleton habla propiamente de la universidad en Inglaterra, si bien, sus afirmaciones parecen exageradas y giran en torno a un pesimismo académico, hay un elemento que es posible contrastar con la situación presente que vive particularmente La Universidad de los Andes.

            El autor habla de cómo con la privatización de la educación, los intereses y los roles de cada quien se vuelven distintos. Por un lado, los profesores dejan de tener prioridades educativas para concentrarse en investigación –pues es lo que da más plata- y como resultado de lo anterior se vuelven ‘gerentes’ ya que su función gira en torno a conseguir ingresos para financiar las diferentes investigaciones. Además adquieren responsabilidades administrativas que antes no tenían, consumiendo más de su tiempo. Por otro lado, los estudiantes se vuelven los ‘clientes’, los que adquieren los servicios de la Universidad.

            Ahora bien, la situación no tiene que ser tan mala como la plantea Eagleton. No creo que sea el fin de las universidades por su carácter privado, puede ser solo un llamado para el cambio. Cuando uno empieza a estudiar en la Universidad de los Andes, de entrada acepta que es una universidad privada, uno tiene plena conciencia de que va a pagar la matrícula más cara en el país. Sin embargo, con la reciente noticia de que la matrícula subió a 16.344.000, ya no parece ser tan fácil estar dispuesto a pagarla. En parte porque cada vez se siente menos como una Universidad. Esta nos recuerda constantemente que es una empresa y que busca crecer. La voz de los estudiantes y profesores parece quedar de lado en los planes de crecimiento y proyección. Con nuevos edificios y nuevas sedes, los profesores ya no tienen tiempo para los estudiantes y los estudiantes, esperando no demorarse tanto y no tener que seguir pagando la matrícula más cara del país, se llenan de créditos al punto de no tener tiempo ni para darse cuenta de qué pasa alrededor.

            Entonces, si la Universidad nos va a seguir recordando que es una empresa y que quiere crecer a más no poder, tal vez debemos recordarle que nosotros somos sus principales clientes, no solo porque la universidad debe estar en función de los estudiantes, sino porque somos la principal fuente de financiación. Como clientes debemos exigirle a la universidad que deje de pensar en ella sin nosotros. Que deje de tomar decisiones sin nosotros. Como clientes somos miembros activos, estamos invirtiendo nuestro dinero aquí, por lo que la Universidad nos debe rendir cuentas y nosotros debemos evaluar el funcionamiento de ésta, tal como en una empresa.

            Podemos hacer lo anterior y ponernos en el papel de clientes para que la Universidad nos oiga, puede que eso debamos hacer. Pero no debemos olvidar que seguimos siendo estudiantes, y como tal debemos tomar este momento y utilizarlo para pensar a fondo en qué falla el modelo educativo mundial alrededor del cual la Universidad se proyecta. Siempre me ha molestado que la universidad nos meta hasta por los ojos que se caracteriza por educar profesionales emprendedores e innovadores, pues tiene en el fondo un concepto de desarrollo que puede ser problemático; pero de pronto, es el momento de mostrar ese carácter innovador. Es el momento de un cambio. Es el momento de que la universidad sea consciente de que no se debe parecer tanto a un centro comercial, con sus pautas publicitarias y sus departamentos de marketing, y deba volver a pensar en modelos educativos. Que no tengamos que mirar tanto otros modelos sino pensar en uno propio que destaque las necesidades de su entorno.

            Eagleton destaca que la universidad medieval se caracterizaba por ser una que respondía a necesidades de su entorno –claro, fundamentado en un carácter religioso-. Tal vez, debamos volver la mirada y pensar qué clase de educación necesita nuestra sociedad, qué estrategias podemos pensar para disminuir la desigualdad, cómo concientizar y visibilizar los casos de violencia de género o discriminación sexual, cómo generar un entorno universal que caracterice la sociedad que queremos construir.

            En últimas, tal vez sea un momento para recordarle a todos qué quiere decir estar en una Universidad y qué implica esa universalidad. Es pensar en nuevas formas de comprendernos, es reflexionar sobre el conocimiento que producimos, es pensar juntos para dónde vamos y cómo vamos. Es el momento de recordarle a la Universidad que en la Universidad no pueden ser unos arriba, que no es universidad sin estudiantes ni profesores, que no nos deben dar por sentado, que tal vez podamos tomar mejores decisiones que realmente afecten de manera positiva el modelo educativo actual.

            Por lo  mismo, invito a todos los estudiantes y profesores a hacer parte de los diferentes eventos que se llevarán a cabo esta semana alrededor del alza de matrículas. En el siguiente enlace está una nota de vice sobre la situación actual y la agenda de esta semana: https://www.vice.com/es_co/article/bj74kw/estudiantes-universidad-de-los-andes-protesta-precio-matricula-astronomica-bogota-vice

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